Los chicos del rap
- 19 oct 2016
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Cuando la música y la poesía se unen, nace una de las mayores culturas urbanas, la cultura del "hip-hop". Este movimiento nacido en los barrios bajos de Nueva York va a recorrer el planeta cambiando la vida de muchos jóvenes.
La creación de versos al instante es la liberación de varios. Reunirse con amigos y hablar mediante la música se convierte en terapias de grupo. "Se trata de improvisar, de crear un momento al lado de un altavoz" comenta Matías, un joven chileno residente en Canarias. Conocido como Kharma en el mundillo, se dedica a organizar en su casa de La Laguna, en Tenerife, veladas con el objetivo de difundir las enseñanzas del rap.
Son las tres de la tarde y ya empiezan a llegar cantantes a casa de este artista urbanita. Todos son hombres jóvenes. Chicos de barrios obreros acostumbrados a la humildad. Sudaderas anchas y pantalones cómodamente caídos definen su estilo.
Empiezan a calentar las voces dentro de la habitación de Kharma. Uno de los jóvenes pone una instrumental de bombo y caja en el altavoz. Nacen los primeros versos de la boca del anfitrión de la reunión. Karma encaja cada palabra dentro de la música. Es una canción fruto de la pura improvisación.
Un par de poesías con música después se animan a subir a la azotea. Mientras, suena el timbre. Siguen llegando personas, uniéndose a esta aglomeración de mentes apasionadas por lo mismo, crear. En los ritmos muchos encuentran la paz y un modo de trabajo, una forma de ganarse la vida.
Todos están en el pasillo preparados para subir. Se abre la puerta y ascienden las escaleras entre murmullos. Al llegar a la azotea "reproduce la felicidad" se oye entre la gente. La música vuelve a sonar. Desde un pequeño altavoz conectado a un móvil empiezan a restallar de nuevo una base.
Al ser tantos se turnan para "rapear". Hay muchos que ya se conocen y otros que se unen por primera vez. Lanzan inocentadas mientras canta a las que luego le responden. Llegan las risas. Las sonrisas se dibujan en los rostros de los jóvenes y las carcajadas se entremezclan con las voces de quienes cantan.
Un ambiente relajado, distendido, se respira en la cuadrada azotea. Los chicos dispersados por el entorno asienten con la cabeza. Es una muestra de respeto ante los que hacen su actuación. Un chico francés que lleva solo dos meses en Tenerife, hoy hace bromas junto a sus amigos. Con dificultad para hablar el español, explica cómo el rap le ha ayudado a superar la barrera del idioma. Sin apenas saber nada del castellano, fue capaz de hacer amigos cantando.
El "4x4"
Sigue sonando la música. No paran de oírse versos ingeniosos fruto de la creatividad del momento. Alguno dedicado con cariño para el francés recién llegado. En un momento, todos se agrupan de pie en un círculo. Comienza el "4x4". La modalidad de rap más difícil. Una instrumental suena y cada cuatro tiempos improvisa una persona distinta. Requiere de una gran agilidad mental y destreza lingüística.
Las palabras salen como tiros de las distintas bocas. Los artistas se suceden en el ritmo aplaudiendo lo extraordinario. Este resulta el entrenamiento perfecto para sentarse luego ante un folio y escribir. Escriben las letras más punteras y certeras salidas de sus mentes que luego grabaran.
El característico frío de La Laguna hace acto de presencia tras caer la noche. Las anchas sudaderas no parecen ser suficiente abrigo. Suena un último "beat" antes de la despedida. Cansados pero ilusionados por la próxima velada, los jóvenes artistas bajan las escaleras.
Han sido cuatro horas de creatividad en estado puro. Kharma, el anfitrión los acompaña hasta el portal. Las manos se chocan entre unos y otros que se separarán en la calle. Un par de sonrisas más. La felicidad de todos es totalmente perceptible en la postura de su cuerpo y los movimientos de sus caras. La puerta se cierra. Por hoy, se apaga la música.
























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